Era uno de esos dias en los que el cielo era incoloro, los pensamientos recluían en mi mente, los recortaba y hacia un pequeño tomo comprendido en varios momentos especiales.
Permanecia en un gran sigiloso silencio, se oía la brisa desde mi pequeña habitación y con ella, me podía imaginar la tranquilidad que resplandecia por aquella ventana. Me obsequié de un placer en un par de segundos, mientras, recordaba lo frágil que parecias ser. Entendia mis palabras, las media poco a poco, y con ella lograba reflexionar. Y pude deducir que tal vez, era cierto, estaba locamente interesada por ese individuo.
Enseguida, brotó mi gran reto ; para mí fue imposible mirarlo sin pensar lo perfecto que era.
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